levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos
Después salió con
ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar cercano a Betania; levantando las
manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y
elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos
de gozo, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios’’. Palabra
del Señor.
“El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en
él nuestra morada”
Lectura del santo
Evangelio según san Juan 14, 23-29:
+
En aquel tiempo,
Jesús dijo a sus discípulos: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo
amará y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis
palabras. La palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.
Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el
Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las
cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho.
"El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará"
La paz les dejo,
mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se
acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran,
se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he
dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean”. Palabra
del Señor.
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros,
como yo los he amado”
Lectura del santo
Evangelio según san Juan 13, 31-33a, 34-35:
+
Cuando Judas salió
del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios
ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo
glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía
estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos
a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que
ustedes son mis discípulos’’. Palabra del Señor.
Cometario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano"
Lectura del santo
Evangelios según san Juan 10, 27-30:
+
En aquel tiempo,
Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me
siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de
mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas
de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”. Palabra del Señor.
“Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que
Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor,
tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis
ovejas”
Lectura del santo
Evangelio según san Juan :21, 1-19:
+
En aquel tiempo,
Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se
les apareció de esta manera:
Estaban juntos
Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los
hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”.
Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se
embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba
amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo
reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos
contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca
y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por
tantos pescados.
“Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”
Entonces el
discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como
Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues
se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la
barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de
cien metros.
Tan pronto como
saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les
dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón
Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados
grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se
rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los
discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era
el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado. Ésta
fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar
de entre los muertos.
Después de
almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más
que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo:
“Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan,
¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo:
“Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me
quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera
vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te
quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras
joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas
viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”.
Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a
Dios. Después le dijo: “Sígueme”. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García: