“Retírate,
Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo
servirás”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para
servirle”
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 4, 1-11:
+
En aquel tiempo, Jesús fue
conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó
cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se
le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas
piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo
de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de
Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la
ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el
Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles
que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en
piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al
Señor, tu Dios”.
"Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y
a él sólo servirás"
Luego lo llevó el diablo a un monte
muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le
dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó:
“Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él
sólo servirás”.
Entonces lo dejó el diablo y se
acercaron los ángeles para servirle. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“Yo
les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse
hasta la más pequeña letra o coma de la ley”
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 5, 17-37:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: "No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he
venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se
acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra
o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores
y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el
que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro
que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente
no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los
antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les
digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el
tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y
el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner
tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene
alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a
reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate
pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te
entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no
saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
"Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no"
También han oído que se dijo a los
antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos
deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu
ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque
más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al
lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela
y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no
que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se
divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que
el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su
mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio.
Han oído que se dijo a los
antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido
con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo,
que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni
por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque
no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí,
cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno''. Palabra
del Señor.
Comentario al Evangelio
por Fr. Rufino Ma. Grández Lecumberri, OFM:
"Ustedes
son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá
el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente”
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 5, 13-16:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve
insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a
la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se
puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se
enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un
candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
"Ustedes son la sal de la tierra...Ustedes son la luz del mundo"
Que de igual manera brille la luz
de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes
hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos''. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“Dichosos
serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes
por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en
los cielos"
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 5, 1-12:
+
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a
la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus
discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
"Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los
cielos"
"Dichosos los pobres de
espíritu,
porque de ellos es el Reino de los
cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y
sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la
paz,
porque se les llamará hijos de
Dios.
Dichosos los perseguidos por causa
de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los
cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los
injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense
y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos". Palabra
del Señor.
Comentario al
Evangelio por Fr. Rufino Ma. Grández Lecumberri, OFM:
“Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando
la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y
dolencia”
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 4, 12-23:
+
Al enterarse Jesús de que Juan
había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se
fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí,
para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y Neftalí, camino
del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que
caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de
sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a
predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los
cielos”.
Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”
Una vez que Jesús caminaba por la
ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y
Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos
inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a
otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre
en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando
enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.
Andaba por toda Galilea, enseñando
en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la
gente de toda enfermedad y dolencia. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García: