Luego
les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón
Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo".
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 16, 13-20:
+
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús
a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
"¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le
respondieron: "Unos dicen que eres Juan, el Bautista; otros, que Elías; otros,
que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó: "Y
ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo:
"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
"Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia"
Jesús le dijo entonces:
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún
hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres
Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no
prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo
que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la
tierra, quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a sus discípulos que
no dijeran a nadie que él era el Mesías. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
"¡Señor,
ayúdame!" Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos
para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor;
pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos"
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 15, 21-28:
+
En aquel tiempo, Jesús se retiró a
la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y
se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está
terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola
palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque
viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: "Yo no he sido
enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel".
"Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas"
Ella se acercó entonces a Jesús y
postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" Él le respondió:
"No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los
perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos
se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le
respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que
deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Fr. Rufino Ma. Grández Lecumberri, OFM:
“partió
los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se
llenaron doce canastos”
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 14, 13-21:
+
En aquel tiempo, al enterarse Jesús
de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar
apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los
pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de
ella y curó a los enfermos.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos, se
llenaron doce canastos
Como ya se hacía tarde, se
acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a
oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de
comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”.
Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él
les dijo: “Tráiganmelos”.
Luego mandó que la gente se sentara
sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo,
pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para
que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los
pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran
unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños. Palabra del
Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
"Por
eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante
al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas
antiguas"
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 13, 44-52:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a la
multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un
campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende
cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece
también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy
valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
"El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo..."
También se parece el Reino de los
cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de
peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan
a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo
mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los
malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y
la desesperación.
¿Han entendido todo esto?'' Ellos
le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo
escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de
familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas". Palabra
del Señor.
Comentario al
Evangelio por Fr. Rufino Ma. Grández Lecumberri, OFM:
“El
Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la
mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 13, 24-43:
+
En aquel tiempo, Jesús propuso esta
parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre
que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían,
llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando
crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la
cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a
decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde,
pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo
mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les
contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la
cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas
para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero' ".
Luego les propuso esta otra
parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que
un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las
semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se
convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en
las ramas".
Les dijo también otra parábola:
"El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer
y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por
fermentar".
'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo?
Jesús decía a la muchedumbre todas
estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se
cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con
parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Luego despidió a la multitud y se
fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron:
"Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
Jesús les contestó: "El
sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la
buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del
maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el
fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la
queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a
sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al
pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será
el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el
Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga''. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García: