“Como el Padre me ha enviado, así también
los envío yo… reciban el Espíritu Santo” Lectura del
santo Evangelio según san Juan 20, 19-23:
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“Al anochecer del día de la resurrección, estando
cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a
los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al
Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también
los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que
les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los
perdonen, les quedarán sin perdonar". Palabra del Señor.
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el
que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8:
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“En aquel
tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo
soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en
mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes ya
están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en
ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en
la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los
sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque
sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al
sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.
Si permanecen
en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les
concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se
manifiesten así como discípulos míos".
Palabra del Señor.
Comentario
al Evangelio por Don José Manuel Lorca, Obispo de la Diócesis de Teruel y de
Albarracín:
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 11-18:
"Yo soy el buen Pastor"
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor
da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni
el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el
lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le
importan las ovejas.
Yo soy el
buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el
Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas.
Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga
también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
El Padre me
ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy
porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar.
Éste es el mandato que he recibido de mi Padre". Palabra del
Señor.
“Está escrito que Cristo tenía que padecer y
tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día”
Lectura del
santo Evangelio según san Lucas 24, 35-48:
“Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y
llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les
había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
"miren mis manos y mis pies"
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en
medio de ellos y les dijo: "La paz
esté con ustedes". Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver
un fantasma. Pero él les dijo: "No
teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?
Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un
fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les
mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura
alegría y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen
aquí algo de comer?" Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo
tomó y se puso a comer delante de ellos.
Después les dijo: "Lo
que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con
ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de
Moisés, en los profetas y en los salmos".
Entonces les abrió el entendimiento para que
comprendieran las Escrituras y les dijo: "Está
escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos
al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones,
comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los
pecados. Ustedes son testigos de esto"”.
“Tomás, tú crees porque me has visto;
dichosos los que creen sin haberme visto”
Lectura del
santo Evangelio según san Juan: 20, 19-31:
Caravaggio, la incredulidad de santo Tomás
“Al anochecer del día de la resurrección, estando
cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a
los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al
Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también
los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que
les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los
perdonen, les quedarán sin perdonar".
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no
estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él
les contestó: "Si no veo en sus
manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos
y no meto mi mano en su costado, no creeré".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a
puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de
ellos y les dijo: "La paz esté con
ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí
están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no
sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: 'Tú crees porque me has visto; dichosos los
que creen sin haber visto".
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que
ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo,
tengan vida en su nombre”.