“cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés,
echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:
"Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres"
Lectura del santo Evangelio según san
Marcos 1, 14-20:
+
Después
de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el
Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya
está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".
"síganme y haré de ustedes pescadores de hombres"
Caminaba
Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano,
Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo:
"Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres". Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron.
Un
poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en
una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su
padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio por Mons.
Cristóbal Ascencio:
"Lo llevó a donde estaba Jesús y éste,
fijando en él la mirada, le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te
llamarás Kefás" (que significa Pedro, es decir 'roca')”
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42:
+
En
aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los
ojos en Jesús, que pasaba, dijo: "Éste es el Cordero de Dios". Los
dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia
ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué buscan?" Ellos le
contestaron: "¿Dónde vives, Rabí?" (Rabí significa 'maestro'). Él les
dijo: "Vengan a ver".
"y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: "Éste es el Cordero de Dios"
Fueron,
pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de
la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que
Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés,
fue a su hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías" (que
quiere decir 'el Ungido'). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él
la mirada, le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás
Kefás" (que significa Pedro, es decir 'roca'). Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio dominical por Mons. José C. Parra Novo, OP.:
“Entraron en la casa y vieron al
niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus
cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 2, 1-12:
+
Jesús
nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente
llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los
judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a
adorarlo".
Al
enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él.
Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les
preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén
de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no
eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti
saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel".
"viendo al niño con su madre, postrándose le adoraron"
Entonces
Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que
se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles:
"Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo
encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo".
Después
de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que
habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde
estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría.
Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo
adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y
mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a
su tierra por otro camino. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio por Fr. Rufino M.
Grández Lecumberri, OFM:
“porque mis ojos han visto a tu Salvador, al
que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las
naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas 2, 22-40:
+
Transcurrido
el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José
llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo
escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también
para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía
en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que
aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le
había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido
por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño
Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y
bendijo a Dios, diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz
a tu siervo,
según lo que me habías prometido,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
al que has preparado para bien de todos
los pueblos;
luz que alumbra a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel".
El
padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los
bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido
puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará
contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los
corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había
también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer
muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y
cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo
a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a
Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y
cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se
llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio por Mons. Oscar J.
Vián Morales, SDB:
"No temas, María, porque has hallado
gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre
Jesús”
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas 1, 26-38:
+
En
aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David,
llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró
el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se
preguntaba qué querría decir semejante saludo.
"alégrate llena de gracia, el Señor está contigo"
El
ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas
a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande
y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su
padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá
fin".
María
le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco
virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti
y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a
nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a
pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban
estéril, porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo
soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel
se retiró de su presencia. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
dominical por Mons. Oscar J. Vián Morales, SDB: