"Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como
a ti mismo”
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas 10, 25-37:
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En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley
para ponerlo a prueba y le preguntó: "Maestro, ¿qué debo hacer para
conseguir la vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Qué es lo que está
escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?" El doctor de la ley contestó:
"Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas
tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo". Jesús le
dijo: "Has contestado bien; si haces eso, vivirás".
"entonces Jesús le dijo: anda y haz tú lo mismo"
El doctor de la ley, para
justificarse, le preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre
que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de
unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto.
Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un
levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba
de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con
aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un
mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño
del mesón y le dijo: 'Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi
regreso'.
¿Cuál de estos tres te parece que
se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?" El
doctor de la ley le respondió: "El que tuvo compasión de él".
Entonces Jesús le dijo: "Anda y haz tú lo mismo". Palabra
del Señor.
Comentario al Evangelio por el Pbro.
Alfredo Picón Rodríguez:
"La cosecha es mucha y los trabajadores
pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus
campos”
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas 10, 1-12, 17-20:
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En
aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por
delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les
dijo: "La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo
tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en
camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni
morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando
entren en una casa digan: 'Que la paz reine en esta casa'. Y si allí hay gente
amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se
cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el
trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier
ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos
que haya y díganles: 'Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios'.
"ya se acerca a ustedes el reino de Dios"
Pero
si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: 'Hasta
el polvo de esta ciudad, que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en
señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios
está cerca'. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con
menos rigor que esa ciudad".
Los
setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús:
"Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre".
Él
les contestó: "Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he
dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza
del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los
demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos
en el cielo". Palabra de Dios.
Comentario al Evangelio por Fray Rufino M.
Grández L.:
"El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el
Reino de Dios"
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas 9, 51-62:
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Cuando
ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la
firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por
delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento;
pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a
Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron:
"Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con
ellos?" Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.
"deja que los muertos entierren a sus muertos"
Después
se fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús:
"Te seguiré a dondequiera que vayas". Jesús le respondió: "Las
zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no
tiene en dónde reclinar la cabeza".
A
otro, Jesús le dijo: "Sígueme". Pero él le respondió: "Señor,
déjame ir primero a enterrar a mi padre". Jesús le replicó: "Deja que
los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios".
Otro
le dijo: "Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi
familia". Jesús le contestó: "El que empuña el arado y mira hacia
atrás, no sirve para el Reino de Dios". Palabra de Dios.
Comentario al Evangelio por Mons. Oscar J.
Vian Morales:
Él les dijo: "Y ustedes, ¿quién dicen
que soy yo?" Respondió Pedro: "El Mesías de Dios"
Lectura del santo evangelio según san
Lucas 9, 18-24:
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Un
día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario
para orar, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos
contestaron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y
otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado".
Él
les dijo: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Respondió Pedro:
"El Mesías de Dios". Él les ordenó severamente que no lo dijeran a
nadie.
"Y ustedes quién dicen que soy, respondió Pedro el Mesías de Dios"
Después
les dijo: "Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea
rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea
entregado a la muerte y que resucite al tercer día".
Luego,
dirigiéndose a la multitud, les dijo: "Si alguno quiere acompañarme, que
no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que
quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por
mi causa, ése la encontrará". Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio por el Pbro. Antonio González M.:
“al que poco se le perdona, poco ama"…"Tus pecados te han
quedado perdonados"
Lectura del santo Evangelio según san
Lucas 7, 36-8, 3:
+
En
aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del
fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando
supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco
de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y
con sus lágrimas bañaba sus pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los
ungió con el perfume.
Viendo
esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: "Si este hombre
fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que
es una pecadora".
"tus pecados te han quedado perdonados"
Entonces
Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". El fariseo contestó:
"Dímelo, Maestro". Él le dijo: "Dos hombres le debían dinero a
un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. Como no
tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará
más?" Simón le respondió: "Supongo que aquel a quien le perdonó
más".
Entonces
Jesús le dijo: "Has juzgado bien". Luego, señalando a la mujer, dijo
a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua
para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha
enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio,
desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi
cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te
digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado
mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama". Luego le dijo a la
mujer: "Tus pecados te han quedado perdonados".
Los
invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: "¿Quién es éste, que hasta
los pecados perdona?" Jesús le dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado;
vete en paz".
Después
de esto, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva
del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido
libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas
iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana,
mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los
ayudaban con sus propios bienes. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio por el P. Santiago
Martín, FM: