"Levántate,
toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron
los que intentaban quitarle la vida al niño"
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 2, 13-15, 19-23:
+
Después de que los Magos partieron
de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:
"Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta
que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó y esa misma noche
tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la
muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De
Egipto llamé a mi hijo.
"Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto"
Después de muerto Herodes, el ángel
del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al
niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que
intentaban quitarle la vida al niño".
Se levantó José, tomó al niño y a
su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao
reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y
advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población
llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le
llamará nazareno Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“He
aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de
Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”
Lectura del Santo
Evangelio según san Mateo 1, 18-24:
+
Cristo vino al mundo de la
siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que
vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba
esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla
en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un
ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en
recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del
Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque
él salvará a su pueblo de sus pecados".
"Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará
a su pueblo de sus pecados"
Todo esto sucedió para que se
cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí
que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de
Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.
Cuando José despertó de aquel
sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Palabra
del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
"Vayan
a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan,
los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan
y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta
defraudado por mí"
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 11, 2-11:
+
En aquel tiempo, Juan se encontraba
en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar
por medio de dos discípulos: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que
esperar a otro?"
Jesús les respondió: "Vayan a
contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan,
los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan
y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta
defraudado por mí".
"Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí"
Cuando se fueron los discípulos,
Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: "¿Qué fueron ustedes a
ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué
fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con
lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo
se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está
escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te
prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una
mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en
el Reino de los cielos, es todavía más grande que él". Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“Yo
los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que
viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de
quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego”
Lectura del santo
Evangelio según san Mateo 3, 1-12:
+
En aquel tiempo, comenzó Juan el
Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque
ya está cerca el Reino de los cielos”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías
hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del
Señor, enderecen sus senderos.
Juan usaba una túnica de pelo de
camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de
miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de
toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en
el río.
"Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen
sus senderos"
Al ver que muchos fariseos y
saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha
dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su
conversión y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham,
porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de
Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no
dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua, en señal
de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más
fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los
bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para
separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja
en un fuego que no se extingue”. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
"Si
tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre
la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey
de los judíos"
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 23, 35-43:
+
Cuando Jesús estaba ya crucificado,
las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se
salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido".
También los soldados se burlaban de
Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el
rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz,
un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los
judíos".
Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo,
que decía: "Éste es el rey de los judíos"
Uno de los malhechores crucificados
insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y
a nosotros". Pero el otro le reclamaba, indignado: "¿Ni siquiera
temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el
pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho". Y le decía a
Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". Jesús le
respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso". Palabra
del Señor.
Comentario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García:
Él
les respondió: "Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán
usurpando mi nombre y dirán: 'Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado'. Pero no
les hagan caso”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 21, 5-19:
+
En aquel tiempo, como algunos
ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las
ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: "Días vendrán en que no
quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido".
Entonces le preguntaron:
"Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a
punto de suceder?" Él les respondió: "Cuídense de que nadie los
engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: 'Yo soy el Mesías.
El tiempo ha llegado'. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y
revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero
todavía no es el fin".
Luego les dijo: "Se levantará
una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá
grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales
prodigiosas y terribles.
"Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto..., todo será destruido"
Pero antes de todo esto los
perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la
cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con
esto darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que
preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que
no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus propios
padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los
odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de
ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida". Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
por Fr. Rufino Ma. Grández Lecumberri, OFM:
"Destruyan
este templo y en tres días lo reconstruiré". Replicaron los judíos:
"Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo
vas a levantar en tres días?"
Lectura del santo
Evangelio según san Juan 2, 13-22:
+
Cuando se acercaba la Pascua de los
judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de
bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un
látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los
cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que
vendían palomas les dijo: "Quiten todo de aquí y no conviertan en un
mercado la casa de mi Padre".
En ese momento, sus discípulos se
acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
"Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré"
Después intervinieron los judíos
para preguntarle: "¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar
así?" Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo
reconstruiré". Replicaron los judíos: "Cuarenta y seis años se ha
llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?"
Pero él hablaba del templo de su
cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus
discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las
palabras que Jesús había dicho. Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“Si
así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus
elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar?”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 18, 1-8:
+
En aquel tiempo, para enseñar a sus
discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso
esta parábola:
"En cierta ciudad había un
juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma
ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: 'Hazme justicia
contra mi adversario'.
¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él
día y noche?
Por mucho tiempo, el juez no le
hizo caso, pero después se dijo: 'Aunque no temo a Dios ni respeto a los
hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia
para que no me siga molestando' ".
Dicho esto, Jesús comentó: "Si
así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus
elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que
les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen
ustedes que encontrará fe sobre la tierra? Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“Estaba
cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales
se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión
de nosotros”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 17, 11-19:
+
En aquel tiempo, cuando Jesús iba
de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo,
cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo
lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a
presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la
lepra.
“¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve?"
Uno de ellos, al ver que estaba
curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y
le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez
los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie,
fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo
al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”. Palabra del Señor.
"Si
tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían
decir a ese árbol frondoso: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', y los
obedecería”
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 17, 5-10:
+
En aquel tiempo, los apóstoles
dijeron al Señor: "Auméntanos la fe". El Señor les contestó: "Si
tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían
decir a ese árbol frondoso: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', y los
obedecería.
¿Quién de ustedes, si tiene un
siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa
del campo: 'Entra en seguida y ponte a comer'? ¿No le dirá más bien: 'Prepárame
de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y
beberás tú'? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste
cumplió con su obligación?
"cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: 'No somos más que
siervos"
Así también ustedes, cuando hayan
cumplido todo lo que se les mandó, digan: 'No somos más que siervos, sólo hemos
hecho lo que teníamos que hacer'. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
Si
no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un
muerto'
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 16, 19-31:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a los
fariseos: "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y
banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la
entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que
caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las
llagas.
Sucedió, pues, que murió el mendigo
y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo
enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando
levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.
"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque
resucite un muerto"
Entonces gritó: 'Padre Abraham, ten
piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me
refresque la lengua, porque me torturan estas llamas'. Pero Abraham le
contestó: 'Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio,
males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos.
Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede
cruzar, ni hacia allá ni hacia acá'.
El rico insistió: 'Te ruego,
entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá
cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar
de tormentos'. Abraham le dijo: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que los
escuchen'. Pero el rico replicó: 'No, padre Abraham. Si un muerto va a
decírselo, entonces sí se arrepentirán'. Abraham repuso: 'Si no escuchan a
Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto'". Palabra
del Señor.
“No
hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se
apegará al primero y despreciará al segundo, no pueden ustedes servir a Dios y
al dinero”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 16, 1-13:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual
fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es
cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante
ya no serás administrador’.
Entonces el administrador se puso a
pensar: ‘¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para
trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer,
para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.
Entonces fue llamando uno por uno a
los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El
hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu
recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y
tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le
dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.
"El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes"
El amo tuvo que reconocer que su
mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este
mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.
Y yo les digo: Con el dinero, tan
lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en
el cielo.
El que es fiel en las cosas
pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas
pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles
administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los
bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién
les confiará lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a
dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y
despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al
dinero’’. Palabra del Señor.
el
padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela;
ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y
sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba
muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 15, 1-32:
+
En aquel tiempo, solían acercarse a
Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los
escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«¿Quién de vosotros que tiene cien
ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va
tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la
carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos
y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se
me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un
solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan
convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez
monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca
con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas
y a las vecinas y les dice: “Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se
me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por
un solo pecador que se convierta».
También les dijo:
«Un hombre tenía dos hijos; el
menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la
fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un
país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había
gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar
necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país
que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las
algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me
muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le
diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo
tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su
padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las
entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: “Padre, he pecado
contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme
hijo tuyo”
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y
sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y
celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido;
estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó
la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era
aquello.
Este le contestó: “Ha vuelto tu
hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado
con salud”.
Él se indignó y no quería entrar,
pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí
nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio,
cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres,
le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo: “Hijo, tú estás
siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y
alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido
y lo hemos encontrado”». Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio por Mons. Cristóbal
Ascencio García:
“cualquiera de ustedes
que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo''”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 14, 25-33:
+
En aquel tiempo, caminaba con Jesús
una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: "Si
alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y
a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser
mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si
quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si
tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no
pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo:
'Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar'.
cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser
mi discípulo
¿O qué rey que va a combatir a otro
rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil
soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no,
cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las
condiciones de paz.
Así pues, cualquiera de ustedes que
no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo''. Palabra del
Señor.
“"Esfuércense
en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos
tratarán de entrar y no podrán”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 13, 22-30:
+
En aquel tiempo, Jesús iba
enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien
le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"
Jesús le respondió:
"Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro
que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se
levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán
a tocar la puerta, diciendo: '¡Señor, ábrenos!' Pero él les responderá: 'No sé
quiénes son ustedes'.
"Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta"
Entonces le dirán con insistencia:
'Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas'. Pero él
replicará: 'Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí todos
ustedes los que hacen el mal'. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán,
cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de
Dios, y ustedes se vean echados fuera.
Vendrán muchos del oriente y del
poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.
Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los
primeros, serán los últimos''. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por Mons. Cristóbal Ascencio García:
“He venido a traer fuego
a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 12, 49-53:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: "He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que
ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio
mientras llega!
"Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!"
¿Piensan acaso que he venido a
traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la
división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán
divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el
hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la
madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra''. Palabra del
Señor.
“Dichosos
aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que
se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá”
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 12, 32-48:
+
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: "No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien
darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no
se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no
llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará
su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta
y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a
que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque.
Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les
aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les
servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela,
dichosos ellos.
Fíjense en esto: Si un padre de
familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría
que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén
preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del
hombre''.
"si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos
ellos"
Entonces Pedro le preguntó a Jesús:
"¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?" El Señor le
respondió: "Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de
la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se
porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada,
lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de
todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y
empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a
embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y
lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres
desleales.
El servidor que, conociendo la
voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos
azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá
pocos.
Al que mucho se le da, se le
exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más''. Palabra
del Señor.
Comentario al Evangelio
por Mons. Cristóbal Ascencio García: