“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen
los unos a los otros, como yo los he amado”
Lectura del
santo Evangelio según san Juan
13, 31-33. 34-35:
+
“Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora
ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él Si Dios
ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo
glorificará.
"ámense los unos a los otros"
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy
un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y
por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por el Diácono Arturo Garza Rodríguez:
“Mis
ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen”
Lectura del
santo Evangelio según san Juan
10, 27-30:
+ En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco
y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará
de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede
arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por el D. Esteban Elí Flores:
“Esta fue la tercera vez que Jesús se
apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos”
Lectura
del santo Evangelio según san Juan 21, 1-19:
+ En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a
los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el
Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos
discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a
pescar”. Ellos le respondieron: “También
nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no
pescaron nada.
"Apacienta mis ovejas"
Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la
orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos
contestaron: “No”. Entonces él les
dijo: “Echen la red a la derecha de la
barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la
red por tantos pescados.
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a
Pedro: “Eh el Señor”. Tan pronto como
Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues
se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la
barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de
cien metros.
Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas
brasas y sobro ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de
pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos,
no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan
a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era
el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus
discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro:
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que
éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor,
tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta
mis corderos”.
Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.
Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.
Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que
Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que
te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta
mis ovejas.
Yo te
aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías;
pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a
donde no quieras”.
Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a
Dios. Después le dijo: “Sígueme”. Palabra del Señor.
Comentario al
Evangelio por el Diácono Juan Manuel Hernández R.:
Lectura del
santo Evangelio según san Juan
20, 19-31:
“Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen
sin haber visto”
+
Al anochecer del día de la resurrección, estando
cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a
los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto,
les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se
llenaron de alegría.
"dichosos los que creen sin haber visto"
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los
envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les
perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen,
les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo,
no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les
contestó: “Si no veo en sus manos la señal
de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi
mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a
puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de
ellos y les dijo: “La paz esté con
ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí
están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no
sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que
ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo,
tengan vida en su nombre. Palabra del
Señor.
Comentario al
Evangelio por el Obispo P. José Manuel Lorca,
Obispo de Teruel: